“Docencia, autoridad y transmisión – Tensiones en torno a la enseñanza, el cuidado y la asistencia”.
Una de las tensiones más fuertes que se evidencia en este tiempo tiene que ver con la cuestión de la autoridad y el ejercicio de la función docente en la transmisión de la cultura. ¿Cómo poder tener una buena experiencia pedagógica en la que, tanto, alumnos/as como docentes se sientan acogidos por la experiencia educativa? ¿ De qué manera los alumno/as pueden sentirse protagonistas de este tiempo, con docentes que en su mayoría sienten la tentación de mirar hacia atrás y refugiarse en lo ya conocido, que les da seguridad; pero no cubre las demandas actuales?
Poder comprender que lo que aprendimos ayer no alcanza para pensar el hoy, nos pone en un lugar de vulnerabilidad y de esperanza. Vulnerabilidad que nos coloca en posición franqueable, dejándonos sin certezas y verdades cuestionadas. Sentirnos vulnerables implica que nuestras representaciones modernas son inconsistente para el presente. La esperanza nos permite pensar que algo mejor puede ocurrir; pero que hay que construirlo.
“Es necesario pensar tácticas aunque sea con pocos recursos que favorezcan la transmisión de la cultura, volver a producir multitud de opciones de la humanidad que garanticen el imaginario de un mundo mejor, de un espacio público inclusivo, un mundo donde quepan muchos mundos”.
Las instituciones donde trabajo al igual que las demás, no escapan a esta suerte de incertidumbre y, quizás, con algo de frustración, al verse superadas por la creciente demanda de niños, adolescentes y jóvenes que no encuentran respuestas útiles al interior de éstas. Las instituciones ya no instituyen, el dispositivo moderno se agotó.
“En este sentido, llamarla institución es un abuso del lenguaje, porque perdió la función instituyente que tenía. El edificio sigue siendo el mismo, también el escudo. Pero no sigue siendo el mismo dispositivo”.
Nuestros abuelos y padres, Crecieron y se desarrollaron en la cultura del sólido, de valores fuertes, de consistencia, donde cada uno ocupaba un lugar y refería a una definición única y permanente. La función de la escuela se inscribe en el viejo modelo panóptico de supervisión y control, pero también de promesa y compromiso en el tiempo. Así vivieron nuestros antecesores y funcionó. Hoy este modelo es obsoleto ya que niños, jóvenes y adultos, vivimos en un tiempo de fluidez, de valores debilitados y donde la propia autoridad se encuentra diluida y fragmentada. Bien supone Bauman cuando expresa:
“El fin del panóptico augura el fin de la era del compromiso mutuo: entre supervisores y supervisados, trabajo y capital, líderes y seguidores, ...”
Si los niños y jóvenes son otros, diferentes, ni mejores ni peores, diferentes, entonces la escuela que los acoja y se asuma como continente debe ser diferente.
Una nueva cultura se constituye como realidad a ser transmitida, cultura que tiene un pasado histórico, pero que no debe ser ni arbitrario ni absoluto. Los adultos, y en especial los docentes somos pasadores de historias y memorias que permiten que la cultura se recree permanentemente. Toda escolaridad se constituye como práctica histórica que merece ser ofrecida a las nuevas generaciones. Como dice Hassoun:
“... Cuanto más la transmisión tome en cuenta la situación nueva, menos será una pura y simple trasposición del pasado y más podrá inscribir al sujeto en una genealogía de vivientes a fin de realizar... ...un campo de afluencia, un delta en donde se articulen culturas heterogéneas que se revitalicen mutuamente... ...supone la puesta en marcha... al modo de un discurso que sería procesado -clandestinamente, como un contrabando- de aquello que se ofrece como herencia”
Tal vez este contrabando tenga que ver con cierta acción de olvido, que al dejar un espacio vacío facilita la recreación y el enriquecimiento de las propias historias particulares y que colectivamente realizan un movimiento de cambio cultural. Al decir de Nietzsche:
“Dependerá de la capacidad de olvidar en el momento oportuno, así como de cuándo es necesario recordar el buen momento; dependerá del instinto vigoroso que pongamos en sentir si y cuándo es necesario ver las cosas desde el punto de vista histórico, si y cuándo ver las cosas desde el punto de vista no-histórico”.
Qué es capaz de ofrecer la escuela a nuestros chicos/as que permita recuperar aquello que valga la pena ser recordado y desde ahí poder armar algo nuevo que nos aloje a todos conforme las necesidades que tengamos.
La película “Los Edukadores” encarna el cortocircuito entre generaciones cuando la sociedad actual (Alemania unificada), no habilita espacios de escucha y acogida para tantos jóvenes que sienten que sus vidas, así, carecen de sentido.
¿Qué trasmiten esas realidades sociales y escolares en este mundo globalizado?. Cómo hacer de la escuela un lugar de derecho y no de clasificación de ciudadanos, una escuela en donde la ética nos movilice a ver al otro como alguien que merece ser escuchado y atendido, cuidado y protegido, más allá de la moral que norma y estructura la función educadora de la escuela, un lugar de encuentro y no de diferencia, de ámbito que descubre al otro como alguien a ser cuidado y protegido en lugar de estigmatizado por su condición de pobre, y por lo tanto, de difícil educabilidad. Es interesante recordar que la condición de educabilidad es inherente a la especie humana. Una persona es educable por ser persona, no por su clase, género, raza o condición social.
Es muy común escuchar, en no pocas escuelas, a docentes que asumen a sus propios alumnos/as de sectores populares como sujetos con escasas posibilidades de aprender. Frases como: “Que van a aprender si están vacíos, qué les vas a enseñar si en lo único que piensan es en escuchar cumbia, cómo querés que aprendan si están todo el día en la calle con la gomera, para qué te gastás con éstos, si no van a seguir estudiando, etc, etc, etc. Este tipo de aseveraciones invitan a sentir una mezcla de dolor, tristeza y bronca. Utilizando la misma lógica en el análisis uno podría preguntarse ¿cómo van a enseñar a estos alumno/as que son vistos como “pobres, sucios y mal-educados” si el manantial del que se nutren para enseñar diariamente no va más allá de Tinelli, Blumberg, El último pasajero, o bien la lectura del diario donde pareciera que lo único interesante es el horóscopo, como sucede en muchas instituciones educativas ¿ Cómo pensar una pedagogía alternativa si el material de cabecera no supera la revista Primer y Segundo Ciclo? Como diría un humorista Argentino “ Son más buenas que Lassie y más boludas que lassie” y agrega “... se quedaron perdidas en el medio de la revista Billiken.
Con este contexto no se puede más que adherir a las palabras de Ricardo Baquero quien sostiene que:
“... en primer término existe una suerte de justificado pesimismo, en parte, sobre el carácter difícilmente reversible del deterioro de las condiciones vitales de los niños de los sectores populares y, en segundo lugar, suele tenerse desconfianza sobre la educabilidad de estos niños, es decir, sobre la educabilidad entendida como la capacidad de ser educado”.
La escuela en este sentido debería constituirse como un espacio de intercambio de relaciones mutuas entre alumnos/as y docentes que se saben, ambos, necesitados del otro.
Esto no quiere decir que los niños y jóvenes sean iguales a los adultos, pero tienen el derecho a poder realizar experiencias que les permitan crecer y los adultos tienen la obligación de facilitarles esos espacios. Tienen derecho a preguntar y los docentes tenemos la obligación de responder a sus inquietudes.
Los niños/as juegan en torno a lo que la escuela y la sociedad les ofrece, los y las adolescentes ensayan sobre sus funciones futuras, las de ser de adultos y se transformen en los nuevos pasadores de cultura de las generaciones por venir.
No abandonar la asimetría en la escuela, en el caso de los jóvenes, implica entender que estamos cada vez más frente a un sujeto que anticipadamente pone en acto su estructura, es decir, su personaje en una escena real. La asimetría implica en este caso, no olvidar que allí está jugado un personaje, no creer que el destino está jugado, lo cual no significa quitarle crédito a sus actos”.
Aquí aparece un buen momento para apelar a la responsabilidad como adultos docentes, dejando espacios abiertos para que niños/as y jóvenes puedan expresarse y ser dueños de su palabra.
Nuestros niños/as y jóvenes viven tiempos de permanente desamparo. La escuela no puede quedar al margen de tanta responsabilidad en torno al cuidado y la asistencia. Debe facilitar historias y narraciones que les habilite un lugar donde hacer pie con las propias historias y narraciones de niños y jóvenes y, así poder dar un salto hacia delante. Salto que implica avanzar sin mirar atrás, salvo para recuperar lo que nos pueda ser útil en el presente y no un intento de repetir el pasado.
Finalmente para concluir podemos decir que los adultos somos la consecuencia de lo que la modernidad hizo de nosotros. La escuela cumplió un papel decisivo en dicha constitución de identidades. ¿ Merecen nuestros niños/as y jóvenes que repliquemos en ellos el siglo XX? Un siglo que quedará en la historia por los avances científicos y tecnológicos. Sólo en el siglo XX hubo más desarrollo tecnológico que en el resto de la historia de la humanidad. Pero también fue el siglo donde mayores catástrofes sufrimos, único siglo que padeció dos guerras mundiales, donde el desarrollo tecnológico es inversamente proporcional al bienestar de la mayoría de la población, el siglo donde la moral burguesa se impuso sobre la ética solidaria. ¿Y éste es el mundo que les dejamos a nuestros hijos/as, niños/as y jóvenes?
Definitivamente no quiero ser cómplice de la reproducción del pasado como anticuario. Tal vez sea necesario posarnos en un punto estratégico y dar el salto de tigre pedagógico que necesitamos y merecemos para cambiar esta realidad que nos agobia a todos. Me siento como diría Patricia Redondo: “Entre el desasosiego y la obstinación”.
BIBLIOGRAFÍA:
ROCKWELL, ELISA. En Revista Pedagógica de los trabajadores de la educ. “La Educación en nuestras manos”- Suplemento especial. SUTEBA, año 11 n° 65 (marzo 2002).
LEWKOWIITZ. En DUSCHATZKY, S. “Formas de habitar la escuela. Notas sobre escenas escolares”. 2003. FLACSO. Campus Virtual. www.flacso virtual.org.
BAUMAN, Z. “Modernidad líquida”- “Acerca de lo leve y lo líquido”. FCE. 2003. Buenos Aires.
HASSOUN, J. “Los contrabandistas de la memoria”. Ediciones de la Flor. 1997. París. Francia.
NIETZSCHE, F. “De la utilidad y de los inconvenientes de los estudios históricos, para la vida. En: Consideraciones Intempestivas II”. Ed. Aguilar. 1959. Buenos Aires.
BAQUERO, R. “La educabilidad bajo sospecha”, en Cuadernos de Pedagogía. Año IV, N° 9 2001. Rosario. Argentina.
ZELMANOVICH,P. “Contra el desamparo” En enseñar hoy – Una introducción a la educación en tiempos de crisis. Fondo de Cultura Económica. 2003. Buenos Aires.
REDONDO, PATRICIA. Escuela y pobreza. “Entre el desasosiego y la obstinación”. Ed. Paidós. 2004 Buenos Aires.
DUSCHATZKY, S. Comp. “Nuevas identidades infantiles y juveniles” Ed. La Tiza. UEPC. 2003. Cba.
DUSCHATZKY, S. “Todo lo sólido se desvanece en el aire” En Duschatzky, S. Y Birgin, A. (Comps.) ¿ Dónde está la escuela? Flacso Manantial. 2001. Buenos Aires.
SENNETT, R. “La autoridad” Ed. Alianza. Cap. 3 y 6. 1982. Madrid.
RANCIERE, J. “El maestro ignorante” Ed. Laertes. Cap. 1 y 3. 2003. Barcelona.
BENJAMIN, W. “El narrador” en: Para una crítica de la violencia y otros ensayos. Ed. Taurus, 1999. Madrid.
Una de las tensiones más fuertes que se evidencia en este tiempo tiene que ver con la cuestión de la autoridad y el ejercicio de la función docente en la transmisión de la cultura. ¿Cómo poder tener una buena experiencia pedagógica en la que, tanto, alumnos/as como docentes se sientan acogidos por la experiencia educativa? ¿ De qué manera los alumno/as pueden sentirse protagonistas de este tiempo, con docentes que en su mayoría sienten la tentación de mirar hacia atrás y refugiarse en lo ya conocido, que les da seguridad; pero no cubre las demandas actuales?
Poder comprender que lo que aprendimos ayer no alcanza para pensar el hoy, nos pone en un lugar de vulnerabilidad y de esperanza. Vulnerabilidad que nos coloca en posición franqueable, dejándonos sin certezas y verdades cuestionadas. Sentirnos vulnerables implica que nuestras representaciones modernas son inconsistente para el presente. La esperanza nos permite pensar que algo mejor puede ocurrir; pero que hay que construirlo.
“Es necesario pensar tácticas aunque sea con pocos recursos que favorezcan la transmisión de la cultura, volver a producir multitud de opciones de la humanidad que garanticen el imaginario de un mundo mejor, de un espacio público inclusivo, un mundo donde quepan muchos mundos”.
Las instituciones donde trabajo al igual que las demás, no escapan a esta suerte de incertidumbre y, quizás, con algo de frustración, al verse superadas por la creciente demanda de niños, adolescentes y jóvenes que no encuentran respuestas útiles al interior de éstas. Las instituciones ya no instituyen, el dispositivo moderno se agotó.
“En este sentido, llamarla institución es un abuso del lenguaje, porque perdió la función instituyente que tenía. El edificio sigue siendo el mismo, también el escudo. Pero no sigue siendo el mismo dispositivo”.
Nuestros abuelos y padres, Crecieron y se desarrollaron en la cultura del sólido, de valores fuertes, de consistencia, donde cada uno ocupaba un lugar y refería a una definición única y permanente. La función de la escuela se inscribe en el viejo modelo panóptico de supervisión y control, pero también de promesa y compromiso en el tiempo. Así vivieron nuestros antecesores y funcionó. Hoy este modelo es obsoleto ya que niños, jóvenes y adultos, vivimos en un tiempo de fluidez, de valores debilitados y donde la propia autoridad se encuentra diluida y fragmentada. Bien supone Bauman cuando expresa:
“El fin del panóptico augura el fin de la era del compromiso mutuo: entre supervisores y supervisados, trabajo y capital, líderes y seguidores, ...”
Si los niños y jóvenes son otros, diferentes, ni mejores ni peores, diferentes, entonces la escuela que los acoja y se asuma como continente debe ser diferente.
Una nueva cultura se constituye como realidad a ser transmitida, cultura que tiene un pasado histórico, pero que no debe ser ni arbitrario ni absoluto. Los adultos, y en especial los docentes somos pasadores de historias y memorias que permiten que la cultura se recree permanentemente. Toda escolaridad se constituye como práctica histórica que merece ser ofrecida a las nuevas generaciones. Como dice Hassoun:
“... Cuanto más la transmisión tome en cuenta la situación nueva, menos será una pura y simple trasposición del pasado y más podrá inscribir al sujeto en una genealogía de vivientes a fin de realizar... ...un campo de afluencia, un delta en donde se articulen culturas heterogéneas que se revitalicen mutuamente... ...supone la puesta en marcha... al modo de un discurso que sería procesado -clandestinamente, como un contrabando- de aquello que se ofrece como herencia”
Tal vez este contrabando tenga que ver con cierta acción de olvido, que al dejar un espacio vacío facilita la recreación y el enriquecimiento de las propias historias particulares y que colectivamente realizan un movimiento de cambio cultural. Al decir de Nietzsche:
“Dependerá de la capacidad de olvidar en el momento oportuno, así como de cuándo es necesario recordar el buen momento; dependerá del instinto vigoroso que pongamos en sentir si y cuándo es necesario ver las cosas desde el punto de vista histórico, si y cuándo ver las cosas desde el punto de vista no-histórico”.
Qué es capaz de ofrecer la escuela a nuestros chicos/as que permita recuperar aquello que valga la pena ser recordado y desde ahí poder armar algo nuevo que nos aloje a todos conforme las necesidades que tengamos.
La película “Los Edukadores” encarna el cortocircuito entre generaciones cuando la sociedad actual (Alemania unificada), no habilita espacios de escucha y acogida para tantos jóvenes que sienten que sus vidas, así, carecen de sentido.
¿Qué trasmiten esas realidades sociales y escolares en este mundo globalizado?. Cómo hacer de la escuela un lugar de derecho y no de clasificación de ciudadanos, una escuela en donde la ética nos movilice a ver al otro como alguien que merece ser escuchado y atendido, cuidado y protegido, más allá de la moral que norma y estructura la función educadora de la escuela, un lugar de encuentro y no de diferencia, de ámbito que descubre al otro como alguien a ser cuidado y protegido en lugar de estigmatizado por su condición de pobre, y por lo tanto, de difícil educabilidad. Es interesante recordar que la condición de educabilidad es inherente a la especie humana. Una persona es educable por ser persona, no por su clase, género, raza o condición social.
Es muy común escuchar, en no pocas escuelas, a docentes que asumen a sus propios alumnos/as de sectores populares como sujetos con escasas posibilidades de aprender. Frases como: “Que van a aprender si están vacíos, qué les vas a enseñar si en lo único que piensan es en escuchar cumbia, cómo querés que aprendan si están todo el día en la calle con la gomera, para qué te gastás con éstos, si no van a seguir estudiando, etc, etc, etc. Este tipo de aseveraciones invitan a sentir una mezcla de dolor, tristeza y bronca. Utilizando la misma lógica en el análisis uno podría preguntarse ¿cómo van a enseñar a estos alumno/as que son vistos como “pobres, sucios y mal-educados” si el manantial del que se nutren para enseñar diariamente no va más allá de Tinelli, Blumberg, El último pasajero, o bien la lectura del diario donde pareciera que lo único interesante es el horóscopo, como sucede en muchas instituciones educativas ¿ Cómo pensar una pedagogía alternativa si el material de cabecera no supera la revista Primer y Segundo Ciclo? Como diría un humorista Argentino “ Son más buenas que Lassie y más boludas que lassie” y agrega “... se quedaron perdidas en el medio de la revista Billiken.
Con este contexto no se puede más que adherir a las palabras de Ricardo Baquero quien sostiene que:
“... en primer término existe una suerte de justificado pesimismo, en parte, sobre el carácter difícilmente reversible del deterioro de las condiciones vitales de los niños de los sectores populares y, en segundo lugar, suele tenerse desconfianza sobre la educabilidad de estos niños, es decir, sobre la educabilidad entendida como la capacidad de ser educado”.
La escuela en este sentido debería constituirse como un espacio de intercambio de relaciones mutuas entre alumnos/as y docentes que se saben, ambos, necesitados del otro.
Esto no quiere decir que los niños y jóvenes sean iguales a los adultos, pero tienen el derecho a poder realizar experiencias que les permitan crecer y los adultos tienen la obligación de facilitarles esos espacios. Tienen derecho a preguntar y los docentes tenemos la obligación de responder a sus inquietudes.
Los niños/as juegan en torno a lo que la escuela y la sociedad les ofrece, los y las adolescentes ensayan sobre sus funciones futuras, las de ser de adultos y se transformen en los nuevos pasadores de cultura de las generaciones por venir.
No abandonar la asimetría en la escuela, en el caso de los jóvenes, implica entender que estamos cada vez más frente a un sujeto que anticipadamente pone en acto su estructura, es decir, su personaje en una escena real. La asimetría implica en este caso, no olvidar que allí está jugado un personaje, no creer que el destino está jugado, lo cual no significa quitarle crédito a sus actos”.
Aquí aparece un buen momento para apelar a la responsabilidad como adultos docentes, dejando espacios abiertos para que niños/as y jóvenes puedan expresarse y ser dueños de su palabra.
Nuestros niños/as y jóvenes viven tiempos de permanente desamparo. La escuela no puede quedar al margen de tanta responsabilidad en torno al cuidado y la asistencia. Debe facilitar historias y narraciones que les habilite un lugar donde hacer pie con las propias historias y narraciones de niños y jóvenes y, así poder dar un salto hacia delante. Salto que implica avanzar sin mirar atrás, salvo para recuperar lo que nos pueda ser útil en el presente y no un intento de repetir el pasado.
Finalmente para concluir podemos decir que los adultos somos la consecuencia de lo que la modernidad hizo de nosotros. La escuela cumplió un papel decisivo en dicha constitución de identidades. ¿ Merecen nuestros niños/as y jóvenes que repliquemos en ellos el siglo XX? Un siglo que quedará en la historia por los avances científicos y tecnológicos. Sólo en el siglo XX hubo más desarrollo tecnológico que en el resto de la historia de la humanidad. Pero también fue el siglo donde mayores catástrofes sufrimos, único siglo que padeció dos guerras mundiales, donde el desarrollo tecnológico es inversamente proporcional al bienestar de la mayoría de la población, el siglo donde la moral burguesa se impuso sobre la ética solidaria. ¿Y éste es el mundo que les dejamos a nuestros hijos/as, niños/as y jóvenes?
Definitivamente no quiero ser cómplice de la reproducción del pasado como anticuario. Tal vez sea necesario posarnos en un punto estratégico y dar el salto de tigre pedagógico que necesitamos y merecemos para cambiar esta realidad que nos agobia a todos. Me siento como diría Patricia Redondo: “Entre el desasosiego y la obstinación”.
BIBLIOGRAFÍA:
ROCKWELL, ELISA. En Revista Pedagógica de los trabajadores de la educ. “La Educación en nuestras manos”- Suplemento especial. SUTEBA, año 11 n° 65 (marzo 2002).
LEWKOWIITZ. En DUSCHATZKY, S. “Formas de habitar la escuela. Notas sobre escenas escolares”. 2003. FLACSO. Campus Virtual. www.flacso virtual.org.
BAUMAN, Z. “Modernidad líquida”- “Acerca de lo leve y lo líquido”. FCE. 2003. Buenos Aires.
HASSOUN, J. “Los contrabandistas de la memoria”. Ediciones de la Flor. 1997. París. Francia.
NIETZSCHE, F. “De la utilidad y de los inconvenientes de los estudios históricos, para la vida. En: Consideraciones Intempestivas II”. Ed. Aguilar. 1959. Buenos Aires.
BAQUERO, R. “La educabilidad bajo sospecha”, en Cuadernos de Pedagogía. Año IV, N° 9 2001. Rosario. Argentina.
ZELMANOVICH,P. “Contra el desamparo” En enseñar hoy – Una introducción a la educación en tiempos de crisis. Fondo de Cultura Económica. 2003. Buenos Aires.
REDONDO, PATRICIA. Escuela y pobreza. “Entre el desasosiego y la obstinación”. Ed. Paidós. 2004 Buenos Aires.
DUSCHATZKY, S. Comp. “Nuevas identidades infantiles y juveniles” Ed. La Tiza. UEPC. 2003. Cba.
DUSCHATZKY, S. “Todo lo sólido se desvanece en el aire” En Duschatzky, S. Y Birgin, A. (Comps.) ¿ Dónde está la escuela? Flacso Manantial. 2001. Buenos Aires.
SENNETT, R. “La autoridad” Ed. Alianza. Cap. 3 y 6. 1982. Madrid.
RANCIERE, J. “El maestro ignorante” Ed. Laertes. Cap. 1 y 3. 2003. Barcelona.
BENJAMIN, W. “El narrador” en: Para una crítica de la violencia y otros ensayos. Ed. Taurus, 1999. Madrid.
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